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Nadie me había dicho que crecer diera tanto trabajo, me está costando mucho hacerme mayor pero poquito a poco lo estoy consiguiendo.
Anteriormente os conté como fueron mi nacimiento, mi estancia en el hospital y mis primeros días en casa, ahora quiero contaros mis aventuras y mis logros...
En junio de 2001 hice un año y todavía llevaba ropita de bebé. No me gustaba comer y apenas tomaba más alimento que un recién nacido. |
Mi mamá luchaba conmigo intentando que me tomara los biberones pero yo lloraba y protestaba. Había veces que incluso vomitaba nada más ver el biberón.
El médico dijo que tenía un gran rechazo a la comida, que era un problema normal en los niños tan prematuros como yo y que debían de tener mucha paciencia.
Pero mi mamá se desesperaba cuando llegaba la hora de la comida. Había intentado darme de comer con cuchara pero aunque me daba cosas dulces y muy suaves, no había forma.
Ni siquiera cuando mi papá me sujetaba en brazos para evitar que tirara los potitos. Yo peleaba y peleaba y al final terminaba tomando tan solo un poquito de leche.
Por entonces empezaban a salirme los primeros dientes.
En agosto me llevaron a la playa y me lo pasé chupi jugando en una barquita hinchable que me habían comprado y en la que ponían un poquito de agua.
Ese mismo mes fue la primera vez que sujeté algo con mis manitas y también empecé a patalear y a moverme mucho más.
Aprendí a darme la vuelta cuando me ponían boca abajo y mis papás estaban muy contentos con mis avances.
Fue en octubre cuando sucedieron dos cosas muy importantes.
Mi tía Charo celebró su cumpleaños y estábamos reunidos con la familia.
Llegó la hora de merendar y mi tita Belén se empeñó en que tenía que darme un petit suis y mi mamá le dijo que lo intentara, todo el mundo convencido de que no me lo comería ¡pero me lo comí!.
Otro logro, empecé a comer con cuchara, primero papillas de cereales y después pequeñas cantidades de comida mezcladas con los cereales.
Y comencé a ir a un centro de fisioterapia para hacer ejercicio y ponerme fuerte.
Allí me lo paso genial, es un sitio muy bonito con muchos juguetes y Cristina, mi fisioterapeuta, me ayuda mucho y me enseña un montón de cosas aunque a veces protesto un poco porque tengo que esforzarme mucho pero siempre voy muy contenta.
Un poco antes de Navidad me compraron un taca-taca. ¡Eso sí que fue un descubrimiento!
Al principio casi no me llegaban los pies al suelo pero al crecer un poquitín más ya podía moverme a mis anchas por toda la casa.
Era superdivertido entrar y salir de todas las habitaciones, meterme por todos los rincones y ver como mami me iba buscando por todos los sitios para ver qué estaba haciendo.
A principios de 2002 empecé a decir "agu agu" y a comer un poquito mejor.
En marzo ya soy un verdadero peligro.
Mis papás han tenido que poner taponcitos en todos los enchufes, abro los cajones para ver que hay dentro, mordisqueo las cortinas de la cocina cuando mi mami no me ve, cojo y tiro todo lo que puedo alcanzar y no hay un rincón de la casa que no haya explorado.
Si me sujetan doy pasitos pequeños y saltitos como un canguro y me sostengo sentada sola unos segundos.
Hago palmitas y me se los cinco lobitos de memoria, se donde tengo el pelo y la tripita y cuando me preguntan como me voy a hacer de grande subo los brazos muy alto para enseñarles lo mayor que me voy a hacer.
Y aunque todavía tomo la comida triturada y mezclada con los cereales ya como de todo y lo que más me gusta es la verdura, el queso y los flanes de vainilla.
Ahora estoy aprendiendo a soplar para poder apagar las velas de la tarta de mi segundo cumpleaños.
Ah! y desde hace unos días ya se decir "mamá" y no paro de repetirlo a todas horas sobre todo cuando veo lo contentos que se ponen todos al oirme.
Todo el mundo está muy contento porque estoy creciendo mucho y poniéndome muy fuerte y yo me lo paso pipa porque no paran de darme besitos y de hacerme mimos.
Voy a seguir creciendo y os lo iré contando aquí poco a poco.
¡Hasta la próxima!
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